Twitpic: 18/07/2011
El fin de la infancia
Ayer cuando miraba el noticiero, tuvo lugar la infaltable nota de color sobre el pre pre pre estreno de la última película de Harry Potter, exclusiva para famosos y sus hijos. La consigna: ir disfrazado. En uno de los cuadros entra en escena una chica llorando vestida de bruja. Ante la pregunta del periodista, el porqué de sus lágrimas, la chica contesta que esta película representa el fin de su infancia. Aparentaba unos 24 años, por lo que ya era hora.
Recuerdo la primer vez que escuché hablar sobre la saga. Estaba en la secundaria y en un encuentro de "cine debate" iban a proyectar La piedra filosofal. Fue esa vez, o tal vez unos meses antes cuando mi hermana y primas fuera al cine al a ver la misma película. No me gustaba para nada. Cuentos para chicos. Hasta que un día, en la casa de los Puccinelli, esperando a Cecilia, vi que en la biblioteca estaban el tomo 1 y el 2. Sin nada mejor que hacer me puse a leerlos. Los devoré con pasión. Me encantaron. Para esa altura, se habían publicado 6 de los 7 libros y habían salido 4 películas.
Me volví un fan, conseguí el resto de los libros, prestados o en la biblioteca de mi escuela, miraba cada película al terminar un libro y me informaba de detalles extra en Internet. Recuerdo estar un sábado a la noche en el sillón de mi casa sin mejor plan que devorar las páginas de El prisionero de Azkaban (mi preferido) o como cuando el último libro vio la luz, leí una versión transcripta (y tal vez traducida) por gente en Internet en mi vieja Palm. Meses después compré el libro para tenerlo. El único que compré. Era gracioso, la librería estaba decorada con telas de araña y calabazas: nada más alejado al mundo creado por J. K. Rowling.
Harry Potter no es un cuento para chicos. O no es un cuento, exclusivamente, para chicos. Pueden disfrutar de él tanto chicos como adolescentes y adultos. En esa época de ferviente fanatismo llegué a comprar un libro del filósofo Tom Morris llamado Si Harry Potter dirigiera General Electric, un libro sobre liderazgo que refritaba viejos conceptos mostrados en paralelos con escenas de los primeros 6 libros. No me gustó mucho, pero rescato esto:
Durante años, he viajado por el país como un filósofo público, transmitiendo sabiduría antigua y nuevas ideas a la buena gente de las compañías norteamericana. A lo largo de estos viaje, en general, he visto a más adultos que niños sentados en los aviones y en aeropuertos leyendo los libros de Harry Potter.[...] Algunos padres me confesaron que comenzaron a leerles los libros en voz alta a sus hijos y enseguida quedaron atrapados ellos mismos.
Lo anterior es la pura verdad. Tengo muchos amigos adultos capaces de hacer cola entre un montón de niños disfrazados para asistir a la premier de alguna de las películas, debatí acaloradamente muchas veces los libros en sobremesas o en cafés, e incluso me encontré más de una vez a los personajes camuflados en ejemplos de papers académicos[1].
Así pues, si pasaste los 25, tal vez viste un par de películas y nunca te le animaste a los libros, te invito a que des un paso adelante y te inicies en las aventuras de Hogwarts. Incluso si pensás que llegás tarde para tomar el tren en el andén 9¾ por que ya están todos los libros escritos y todas las películas rodadas, te cuento que (con acento británico) Pottermore is coming. Un sitio donde la autora propone una nueva forma de contar la historia, haciendo uso de las nuevas formas de comunicar que ofrece Internet.
Dejá que la varita te elija :)
[1] Para los programadores que siguen este blog, les cuento que incluso el creador de mi lenguaje preferido, Python, es un gran fan y ha escrito la Teoría Harry Potter sobre diseño de lenguajes de programación.
Twitpic: 16/07/2011
Twitpic: 12/07/2011
El canto de Clementina - cuento
Hace unos meses me enteré que el Departamento de Computación de la UBA lanzaba un concurso de cuentos por los 50 años de la llegada de la primer computadora a la Argentina, Clementina.
Con codicia y en las sombras pensé, "este concurso es para mí". Siendo un ingeniero en sistemas aprendiz de escritor, ¿qué mejor escenario para ponerme a prueba y por qué no sacar algún premio o alguna mención?
Se me ocurrió una idea que consideré bastante buena y trabajé por varias semanas en el cuento; en mis ratos libres, claro está. Luego de la lectura inquisidero de algunos amigos, estuvo listo para enviarse. Hoy recordé que el jurados se expediría en julio, busqué las bases y era el 15. Llegué hasta la página y sopresa. Habían publicado el resultado el 5 de julio. Qué raro que no me llegó ningún mail avisando de mi victoria... :)
Acostumbrado a no ganar, que no es lo mismo que perder, busqué sin éxito el nombre de mi cuento en la lista de los favorecidos y como loco manso me congratulo a mi mismo y publico mi cuento en este blog donde lo va a poder leer cualquier habitante de Internet. Pedazo de premio me regalo.
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Regalos en la era de Internet
Años atrás, en la infancia, uno se hacía regalos con los amigos. No esos juguetes caros e importados que nuestra madre compraba y nos entregaba en mano justo después de tocar el timbre en la casa del cumpleañero, sino regalos casuales, artesanías hechas con chizitos y palitos o amuletos de rama seca.
Además de que crecimos y que no me imagino a mi amigo Joel tocando la puerta para entregarme una réplica del David de Miguel Angél a base de frituras, Internet se metió en el medio de nuestras vidas. Una de sus consecuencias es que nos acelera al máximo; lo que antes era una tarde tomando mates hoy es pasarse un "mate virtual" por Facebook. Juntarse a ver películas un día lluvioso, cambió por "mirá este video en Youtube". Y así, todo se va transformando, incluido ese antiguo ritual de entregarse regalso entre amigos, sin valor económico pero con mucho valor emocional.
Hoy Joél me envió algo que es genial. Mi apellido apareció en un captcha.
Y es un regalo también, de esta era de Internet, contestar con un post.
