Automágica: durante 2017 estoy trabajando bastante en Automágica, mi software para editar libros: Más información - Posts relacionados

Plug-in para gimp que genera constelaciones PSK

Este es mi primer plug-in para gimp. Es un plug-in para gimp escrito en Python de 150 líneas:

PSK Plug-in

Si en la opción numérica de la ventana anterior se elije 3 se obtiene esta imange:

8-PSK

Y si se elije 4 esta:

16-PSK

El código fuente puede obtenerse aquí.


El arte de Python-Fu (cinturón blanco)

Como parte de mi aprendizaje del lenguaje de programación Python y por la necesidad de generar automáticamente algunos dibujos, incurcioné en el milenario arte del Python-Fu.

Si querés conocer más sobre este acestral arte, seguí leyendo..

Script-Fu (un dialecto de Scheme) es el lenguaje original (además de C) utilizado para escribir plug-ins para Gimp (The GNU Image Manipulation Program). Actualmente se pueden escribir plug-ins en otros lenguajes como Perl, Tcl y.. Python

¿qué hay que tener instalado?

    <li>python (<code>apt-get install python</code> en Debian GNU/Linux)</li>
    
    <li>gimp (<code>apt-get install gimp</code>)</li>
    
    <li>pygimp (<code>apt-get install gimp-python</code>)</li>
    

    Los dos primeros programas suelen estar instalados en la mayoría de las instalaciones de GNU/Linux, el último no. Una verificación rápida puede hacerse ejecutando gimp y buscando la opción Python-Fu en el menú Exts.

    Script-Fu

    En http://www.jamesh.id.au/software/pygimp/structure-of-plugin.html se puede ver la estructura de un Script-Fu.

    Cuando gimp es ejecutado, busca los archivos ejecutables que se encuentran en $HOME/.gimp-x-y/plug-ins/. En el caso de los scripts en python, la función register() es ejecutada y cuando se acceda al plug-in mediante el menú especificado se ejecutará su función principal. Antención a esto: los archivos deben ser tener encendido el bit de ejecución (chmod +x hello-world.py).

    Otro tip: si algo no funciona como se espera, una forma de enterarse que pasó es ejecutar gimp desde una terminal (gimp --verbose) y leer en esta las distintas salidas que produce el programa (allí se van a escribir los errores que se produzcan en tiempo de ejecución).

    Links útiles

    [update: a pedido del público: hello-world.py]

    Pueden bajar hello-world.py para ver un ejemplo sencillo. Debería generar una imagen como esta:Hello Worldsalvo que cambien los parámetros ;-)


    ¿Tomamos mate?

    De todos las cadenas de emails que recibí desde que tengo una conexión permanente a Internet (2000) esta es la única que me gusto! :D

    El mate no es una bebida. Bueno, sí. Es un líquido y entra por la boca.

    Pero no es una bebida. En este país nadie toma mate porque tenga

    sed. Es más bien una costumbre, como rascarse.

    El mate es exactamente lo contrario que la televisión: te hace

    conversar si estás con alguien, y te hace pensar cuando estás solo.

    Cuando llega alguien a tu casa la primera frase es "hola" y la

    segunda "¿unos mates?".

    Esto pasa en todas las casas. En la de los ricos y en la de los

    pobres.

    Pasa entre mujeres charlatanas y chismosas, y pasa entre hombres

    serios o inmaduros.

    Pasa entre los viejos de un geriátrico y entre los adolescentes

    mientras

    estudian o mirando televisión.

    Es lo único que comparten los padres y los hijos sin discutir ni

    echarse en cara.

    Peronistas y radicales ceban mate sin

    preguntar. En verano y en invierno.

    Es lo único en lo que nos parecemos las víctimas y los verdugos; los

    buenos y los malos. Cuando tenés un hijo, le empezás a dar mate

    cuando te pide. Se lo das tibiecito, con mucha azúcar, y se sienten

    grandes. Sentís un orgullo enorme cuando un esquenuncito de tu

    sangre empieza a chupar mate.

    Se te sale el corazón del cuerpo. Después ellos, con los años,

    elegirán si tomarlo amargo, dulce, muy caliente, tereré, con

    cáscara de naranja, con yuyos, con un chorrito de limón.

    Cuando conocés a alguien por primera vez, te tomás unos mates. La

    gente pregunta, cuando no hay confianza: "¿Dulce o amargo?". El

    otro responde: "Como tomes

    vos".

    Los teclados de Argentina tienen las letras llenas de yerba.

    La yerba es lo único que hay siempre, en todas las casas. Siempre.

    Con inflación, con hambre, con militares, con democracia, con

    cualquiera de nuestras pestes y maldiciones eternas. Y si un día no

    hay yerba, un vecino tiene y te da. La yerba no se le niega a nadie.

    Éste es el único país del mundo en donde la decisión de dejar de ser

    un chico y empezar a ser un hombre ocurre un día en particular.

    Nada de pantalones largos, circuncisión, universidad o vivir lejos

    de los padres.

    Acá empezamos a ser grandes el día que tenemos la necesidad de

    tomar por primera vez unos mates, solos. No es casualidad. No es

    porque sí.

    El día que un chico pone la pava al fuego y toma su primer mate sin

    que haya nadie en casa, en ese minuto, es que ha descubierto que

    tiene alma. O está muerto de miedo, o está muerto de amor, o algo:

    pero no es un día cualquiera.

    Ninguno de nosotros nos acordamos del día en que tomamos por primera

    vez un mate solo. Pero debe haber sido un día importante para

    cada Por adentro hay revoluciones.

    El sencillo mate es nada más y nada menos que una demostración de

    valores...

    Es la solidaridad de bancar esos! mates lavados porque la charla es

    buena. La charla, no el mate.

    Es el respeto por los tiempos para hablar y escuchar, vos hablás

    mientras el otro toma y es la sinceridad para decir: ¡Basta, cambiá

    la yerba!".

    Es el compañerismo hecho momento.

    Es la sensibilidad al agua hirviendo.

    Es el cariño para preguntar, estúpidamente, "¿está caliente, no?".

    Es la modestia de quien ceba el mejor mate.

    Es la generosidad de dar hasta

    el final.

    Es la hospitalidad de la invitación.

    Es la justicia de uno por uno.

    Es la obligación de decir "gracias", al menos una vez al día.

    Es la actitud ética, franca y leal de encontrarse sin mayores

    pretensiones que compartir.

    ¿TE SENTISTE INCLUÍDO?.... compartilo entonces con quienes alguna

    vez tomaste un mate.



    Carlos Pellegrini en Wikipedia

    Mi amigo Adrian (Wikipedista) siempre me retaba por que la entrada sobre mi pueblo, Carlos Pellegrini, en Wikipedia (la Enciclopedia Libre que vive en Internet) era muy pobre.

    No puede ser! dije. Como pellegrinense es mi deber mejorar la página de mi pueblo en la Wikipedia. Así que hace unos días, mientras estaba en Pellegrini fuí a la biblioteca de mi escuela secundaria, leí algunos libros sobre la historia de mipueblo, saqué fotos y estuve trabajando en Carlos Pellegrini (Localidad).

    Todavía no está lista, sigo trabajando en ella, pero quien quiera colaboarar puede hacerlo! Y vos que esperás? Ya tiene tu pueblo su entrada en Wikipedia?! ;-)



    Un día en el aeropuerto

    El otro día estuve en el aeropuerto despidiéndome de mis papás que se iban de viaje.

    En un momento me dieron ganas de usar el baño, así que fuí. A diferencia de otras veces en que había usado el baño, esta vez había dos guardas armados, uno de cada lado de la puerta. Cuando intenté entrar, uno me detuvo.

    "NO", me dijo. Nada más.

    Yo estaba en un apuro, a lo mejor por tomar mucho mate, por lo que volví a intentar entrar.

    Uno de los guardas me agarró fuertemente del brazo y gritó "NO" otra véz mientras me empujaba fuera del baño.

    Pregunté por qué no podía entrar. No respondieron. Corrí a otro baño en el aeropurto. Todos estaban custodiados por guardias.

    Estaba parado cerca de uno de los baños cuando ví a un hombre entrando sin problemas. El hombre entró caminando y los guardias ni siquera se movieron. Pensé que ahora sí podría usar el baño.

    Me empujaron tan fuerte que terminé sentado en el piso. No pude contenerme y dí un pequeño grito que llamó la atención de varias personas en el aeropuerto. Un hombre vino y me ayudó a levantarme.

    Le conté al hombre que no había podido usar los baños. Ricardo, así se llamaba el hombre, me dijo:

    "Por su puesto, no estás usando una camisa marca Armani".

    "'¡¿Qué?!" exclamé "¿necesito una camisa marca Armani para usar el baño?"

    "Si, bastante tonto, ¿no?"

    Cada vez que alguien necesita de tecnología propietara (camisas marca Armani) para acceder a un servicio o un producto, nosotros, los usuarios de tecnologías libres (remeras) nos sentimos así, incluso los usuarios de otras tecnologias propietarias (camisas marca Calvin Clain) se sienten así.

    Actualmente la Biblioteca Pública de Boston, como la FSF informó, está haciendo esto bloqueando el acceso a los audio-libros mediante una forma de Gestión de Restricciones Digitales (DRM) que requiere que uses un software propietario provisto por un único vendedor. Podés unirte a la protesta enviando una carta o chequeando tu librería local.

    Antes de irse, RIcardo me dió una hoja de papel que tenía unos dibujos. Luego de inspeccionarla me dí cuenta de que eran instrucciones así que las seguí.

    El resultado fué una especie de cuello que cuando me lo ponía sobre mi remera la hacía ver como una camisa marca Armani. Ahora si podía ir y usar el baño.

    Del lado de atrás de la hoja de papel había dos mensajes.

    Una decía que podía usar el cuello todo lo que quisiera (ya sea para entrar a baños o para verme bien en una cita); podía también leer las instrucciones, estudiarlas y cambiarlas para adaptarlas a mis necesitades (bárbaro por que mi cuellos es un poco grande); podía ir a la fotocopiadora y hacer tantas copias como quiciera; a esas copias podía regalarlas o venderlas, como quiera (incluso estaba pensando en poner mi propio puesto de venta de estos artículos); por último mis cambios también podía darlos a otros, podía publicar las instrucciones en un pizarrón en el aeropuerto así todos podrían hacerse sus propios cuellos (cuando fuí a hacer esto ví que las instrucciones ya estaban publicadas, pero usando servilletas que se podían conseguir en el bar, impresionante).

    Este es el equivalente al Software Libre como lo define la FSF.

    Todo estaba bárbaro hasta que leí la última parte, era una advertencia, no una condición impuesta por el buén Ricardo:

    "Bajo de actuales regulaciones del aeropuerto, usar este cuello es ilegal y castigado por la ley, tené cuidado."

    Este es el equivalente a la ley norteamericana que prohibe usar Software Libre para escuchar los audio-libros. Bastante tonto, ¿no?.

    Esta historia fué traducida del blog de Pupeno. Versión original (inglés).

    Aclaración debido a: :-)

    (14:54:58) adrianhector28@hotmail.com: che adonde se fueron tus viejos?

    (14:56:03) adrianhector28@hotmail.com: eso es mentira

    (14:56:16) adrianhector28@hotmail.com: yo entre con jeans y una remera pedorra en ezeiza y no me dijeron nada

    Es ficción :-D


    Los Justos (una historia de peer-to-peer)

    Leyendo Barrapunto llegué hasta este relato en Orsai, el blog de un periodita argentino que vive en Barcelona.

    Me hizo acordar a un amigo a quien le gustan las series de ciencia ficción y una vez me contaba que "Ya está armado el circuito" (desde quien publica el video, los traductores.. ) De verdad, sin deperdicio, transcribo aca el relato:

    Los miércoles a las nueve de la noche, hora de Nueva York, la cadena norteamericana ABC emite una serie de televisión que me gusta. A esa misma hora un mexicano llamado Elías, dueño de un vivero en Veracruz, la está grabando directamente a su disco rígido, y tan pronto como acabe subirá el archivo a Internet, sin cobrar un centavo por la molestia. Tiene esta costumbre, dice, porque le gusta la serie y sabe que hay personas en otras partes del mundo que están esperando por verla. Lo hace con dedicación, del mismo modo que trasplanta las gardenias de su jardín para que se reproduzca la belleza.

    A las once de la noche de ese mismo miércoles, Erica, una violinista canadiense de venticuatro años que ama la música clásica, baja a su disco rígido la copia de Elías y desgraba uno a uno los diálogos para que los fanáticos sordomudos de la serie puedan disfrutarla; distribuye esos subtítulos en un foro tan rápido como puede. No cobra por ello ni le interesa el argumento: lo hace porque su hermano Paul nació sordo y es fanático de la serie, o quizás porque sabe que hay otra mucha gente sorda, además de su hermano, que no puede oír música y debe contentarse con ver la televisión.

    A las 3:35 de la madrugada del jueves, hora venezolana, Javier baja en Caracas la serie que grabó Elías y el archivo de texto que redactó y sincronizó Erica. Javier podría ver el capítulo en idioma original, porque conoce el inglés a la perfección, pero antes necesita traducirlo: siente un placer extraño al descubrir nuevas etimologías, pero más que nada le place compartir aquello que le interesa. Para no perder tiempo, Javier divide el texto anglosajón en ocho bloques de tamaños parecidos, y distribuye por mail siete de ellos, quedándose con el primero.

    Inmediatamente le llega el segundo bloque a Carlos y Juan Cruz, dos empleados nocturnos de un Blockbuster boneaerense que suelen matar el tiempo jugando al ajedrez, pero que ocupan los miércoles a la madrugada en traducir una parte de la serie, porque ambos estudian inglés para dejar de ser empleados nocturnos, y también porque no se pierden jamás un capítulo.

    El tercer bloque de texto lo está esperando Charo, una ceramista de Alicante que está subyugada por la trama y necesita ver la serie con urgencia, sin esperar a que la televisión española la emita, tarde y mal doblada, cincuenta años después. El cuarto bloque lo recibe María Luz, una tipógrafa rubia y alta que trabaja, también de noche, en un matutino de Cuba: María Luz deja por un momento de diseñar la portada del diario y se pone rápidamente a traducir lo que le toca. Dice que lo hace para practicar el idioma, ya que desea instalarse en Miami.

    El quinto bloque viaja por mail hasta el ordenador de Raquel y José Luis, una pareja andaluza que vive de lo poco que le deja una librería en el centro de Sevilla. Llevan casados más de venticinco años, no han tenido hijos, y hasta hace poco traducían sonetos de Yeats con el único objeto de poder leerlos juntos, ella en un idioma, él en otro. Ahora, que se han conectado a Internet, descubrieron que además de buena poesía existe también la buena televisión.

    El sexto bloque le llega a Ricardo, en Cuzco: Ricardo es un homosexual solitario —y muchas noches deprimido— que traduce frenéticamente mientras hace dormir a su gato Ezequiel. El séptimo lo recibe Patrick, un inglés con cara de bueno que viajó a Costa Rica para perfeccionar su español, lo desvalijó una pandilla casi al bajar del avión pero igual se enamoró del país y se quedó a vivir allí. Y el octavo bloque le llega, al mismo tiempo que a todos, a Ashley, una chica sudafricana de madre uruguaya que es fanática de la serie porque le recuerda (y no se equivoca) a su libro favorito: La Isla del Tesoro.

    Los ocho, que jamás se han visto las caras ni tienen más puntos en común que ser fanáticos de una serie de la televisión o de un idioma que no es el materno, traducen al castellano el bloque de texto que le corresponde a cada uno. Tardan aproximadamente dos horas en hacer su parte del trabajo, y dos horas más en discutir la exactitud de determinados pasajes de la traducción; después Javier, el primero, coordina la unificación y el envío a La Red. Ninguno de los ocho cobra dinero para hacer este trabajo semanal: para algunos es una buena forma de practicar inglés, para otros es una manera natural de compartir un gusto.

    A esa misma hora Fabio, un adolescente a destiempo que vive en Rosario, a costas de sus padres a pesar de sus 23 años, encuentra por fin en el e-mule la traducción al castellano del texto. Con un programa incrusta los subtítulos al video original, desesperado por mirar el capítulo de la serie. A veces su madre lo interrumpe en mitad de la noche:

    —¿Todavía estás ahí metido en Internet, Fabio? ¿Cuándo vas a hacer algo por los demás, o te pensás que todo empieza y termina en vos?

    —Tenés razón mamá, ahora mismo apago —dice él, pero antes de irse a dormir coloca el archivo subtitulado en su carpeta de compartidos para que cualquiera, desde cualquier máquina, desde cualquier lugar del mundo, pueda bajarlo. Fabio jamás olvida ese detalle.

    Los jueves suelo levantarme a las once de la mañana, casi a la misma hora en que Fabio, a quien no conozco, se ha ido a dormir en Rosario. Mientras me preparo el mate y reviso el correo, busco en Internet si ya está la versión original con subtítulos en español de mi serie preferida, que emitió ocho horas antes la cadena ABC en Estados Unidos. Siempre (nunca ha fallado) encuentro una versión flamante y me paso todo el resto de la mañana bajándola lentamente a mi disco rígido, para poder ver el capítulo en la tele después de almorzar. Mientras espero, escribo un cuento o un artículo para Orsai: lo hago porque me resulta placentero escribir, y porque quizás haya gente, en alguna parte, esperando que lo haga.

    El artículo de este jueves habla de Internet. Dice, palabras más, palabras menos, algo que hace venticinco años dijo Borges mucho mejor que yo, en un poema maravilloso que se llama Los Justos:

    "Un hombre que cultiva un jardín, como quería Voltaire.

    El que agradece que en la tierra haya música.

    El que descubre con placer una etimología.

    Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez.

    El ceramista que premedita un color y una forma.

    Un tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada.

    Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto.

    El que acaricia a un animal dormido.

    El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho.

    El que agradece que en la tierra haya Stevenson.

    El que prefiere que los otros tengan razón.

    Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo."


    Historia de Trenes

    Hoy comiendo con unos amigos conté esta historia. Busqué en mi computadora y encontre, entre viejos back-ups, un archivo llamado Historia_de_trenes.txt que escribí hace varios años:

    La siguiente historia no nació en mi mente, sino que la leí en una revista de informática hace unos años, no la tengo en mi poder como para citarla o como para reproducir la historia textualmente, digamos que tiene la fidelidad al original de una historia contada de boca en boca.

    La historia solo tiene como fin sugerir que ciertas personas fueron más astutas que otras, y no es para nada una apología del delito. Cualquier similitud con la realidad es mera coinsidencia.

    Historia de Trenes

    Se encuentran en una estaci¢n de trenes 3 empleados de Micro$oft y 3 desarrolladores de Software Libre que se dirigían a un congreso sobre nuevas tecnologías. Los empleados de Micro$oft sacaron sus boletes, hicieron fila y vieron asombrados que los desarrolladores de Software Libre sacaban solo un boleto. Boquiabierta, los empleados de Micro$oft le preguntaron a los desarrolladores de Software Libre como harían para viajar 3 personas con un solo boleto, a lo que estos respondieron

    que ya verían. Una vez en el tren, los 6 personajes de esta historia se sentaron en el mismo vagón.

    Cuando el engargado de recoger los boletos se acercaba, los desarrolladores de Software Libre se metieron en un pequeño baño que había en el vagón. El encargado, al grito de: "Boletos por favor!", retiró los boletos de los empleados de Micro$oft y de otras personas que allí estaban, luego golpeó la puerta del baño, gritó: "Boletos por favor!", la puerta se entreabrió, y una mano con un boleto se asomó, el encargado tomó el boleto y se retiró. Al instante los desarrolladores de Software Libre salieron del baño. Fasinados con la estrategia, los empleados de Micro$oft decidieron hacer lo

    mismo en el viaje de regreso y así mostrarle a su jefe Bill, lo astutos que habían sido y que habían ahorrado el dinero de dos pasajes.

    En la estación de trenes de la ciudad donde se había realizado el congreso, se encotraron nuevamente los empleados de Micro$oft y los desarrolladores de Software Libre, los empleados de Micro$oft compraron un boleto, hicieron fila, y casi se caen del asombro al ver que los desarrolladores de Software Libre se incorporaron a la fila sin comprar ningún boleto,

    pero sin hacerles ningún comentario, dejaron pasar la esena, confiando en la desventura que sus antagonistas sufrirían; los 6 se sentaron en el mismo vagón y en seguida los empleados de Micro$oft se metieron en uno de los baños del tren, instantes después, uno de los desarrolladores de Software

    Libre se para, les golpea la puerta y grita: "boletos por favor!" :-)


    python-mode.el

    Estoy usando emacs para practicar python.

    En ~/.emacs.d/ guardé python-mode.el y en ~/.emacs tengo estas líenas:

    (setq load-path (cons (expand-file-name "~/.emacs.d") load-path ))

    (require 'python-mode)

    (nconc auto-mode-alist '(("\.py\'" . python-mode)))

    Cuando abro un archivo llamado *.py puedo tipear M-x font-lock-fontify-buffer[enter] y tener la sintaxis coloreada.